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Entrevistas
Las ironías del cáncer: una batalla que se libra con actitud
En Entrevistas (Edición 23)

¿Cómo una enfermedad terminal puede dar la oportunidad de aprender a vivir plenamente a partir del descubrimiento de los verdaderos afectos de quienes nos rodean y de lo que realmente es valioso?

 

Esa es la primera interrogante que surgió en mi mente al tener frente a mí a dos mujeres a quienes la vida ha hecho valientes y capaces de enfrentar el cáncer con una actitud positiva.

 

Nicte Há Herrero y Ligia Patricia Cervera tienen mucho en común además de la amistad que desde hace años mantienen y que las ha llevado de la mano por caminos tan difíciles como hermosos, dignos de guardar en la memoria y de compartir con cuanta gente esté dispuesta a conocer su historia.

 

Ambas saben de ida y vuelta sobre las diferentes etapas por las que atraviesa toda persona a quien se le diagnostica una enfermedad que puede ser terminal como el cáncer y así, con total naturalidad explican que ¿por qué a mí? es la pregunta que representa la fase de mortificación y rebeldía que una vez asimilada, da lugar a la siguiente de aceptación: “ni modo, me tocó a mí”. Y finalmente, sigue la etapa de la acción, la determinante; ésta consiste en tomar una de las dos únicas opciones: “ponerme en manos de Dios y esperar a que él venga a salvarme; o bien, ponerme en manos de Dios, pero buscar ayuda, hacer todo cuanto esté a mi alcance para lograr la mejor calidad de vida posible”.

 

“La vida es como una sala de espera, ejemplifica Nicte Há, hay quienes esperan solamente minutos, otros horas, unos más días, meses, años…, pero en todos los casos el vuelo va a salir. La diferencia es que nosotras, las mujeres con cáncer, ya tenemos el pase de abordar que nos recuerda constantemente: ¡abusada!, tu vuelo sale en cualquier momento. El chiste es no sufrir la espera”.

 

También señala que cuando se decide tomar la opción de abandonarse a esperar el desenlace, es muy probable que se caiga en una situación de chantaje hacia la familia, haciendo que ésta sufra innecesariamente. Por el contrario, si la decisión es luchar con actitud positiva como arma, se logra contagiar de paz y confianza a los seres cercanos permitiendo que la vida siga su curso. Nada tiene por qué colapsarse.

 

 

Dos casos diferentes, misma actitud

 

Para Ligia Patricia (Titi), quien ha librado la batalla contra el cáncer de seno en dos momentos muy diferentes de su vida, la comparación del cuerpo humano con un automóvil es elocuente: “aunque tengamos un carrito pasado de moda, todos deseamos tenerlo bien carburado, con su mantenimiento al día y capaz de hacer su recorrido sin quedarse tirado a la mitad, y así enfrento cada cambio que tengo que hacer en mí, para llegar bien al final del camino”.

Para ella, haber luchado contra el cáncer dos veces con diferencia de 15 años entre una y otra, ha representado la oportunidad de ser una mujer más fuerte, más sensible y selectiva con respecto a lo que deja entrar a su vida y permitir que le afecte o no.

En ambas ocasiones, la revisión de rutina le salvó la vida al detectarse a tiempo la afección y de ahí surgió su creciente afán de prevenir a cuanta mujer tiene oportunidad de hacerlo, con la recomendación de checarse regularmente, ya que de la detección oportuna muchas veces depende la supervivencia.

 

En el caso de Nicte Há, el cáncer cerebral que la aqueja es del tipo conocido como gleoblastoma multiforme reincidente que en teoría la medicina dice que es incurable. Dos cirugías de cráneo, una hace 11 años y la otra recientemente, no han hecho mella en el buen humor y en las ganas de vivir que a esta conocida yucateca le brotan por los poros contagiando inevitablemente a quienes conviven con ella.

El impacto al conocer su realidad fue enorme: en la escala de agresividad de la enfermedad, del 1 al 5, su tipo de cáncer está en nivel 4.

 

El problema real es la actitud

 

Para Nicte Há, el primer golpe tras la noticia fue la actitud del médico que le recitó todo lo malo que iba a ocurrirle a causa de la enfermedad y el tratamiento que se requería; y a eso, tuvo que agregar la automática compasión que despertó en la gente que la rodeaba: “Lo que yo necesité desde el principio, al igual que toda persona con cáncer, fue aprender a vivir con la enfermedad y en este sentido, era indispensable sentir el apoyo, no la compasión de quien se acercaba a mí”.

 

La dinámica mental y la fe, son otras armas que tanto Titi como Nicte Há continúan blandiendo para enfrentar la adversidad que impone el cáncer, enfermedad que han aprendido a ver como un catarro o cualquier otra afección, con la diferencia de que ofrece la oportunidad para darse cuenta de qué calidad de cariño es una capaz de inspirar en la gente, de lo maravilloso que es el ser humano y de palpar lo que tenemos para apreciarlo de verdad.

 

Como estas mujeres ejemplares, seguramente hay muchísimas otras que en algún momento de su vida se han enfrentado o se enfrentarán al cáncer y su testimonio sirve de bálsamo, pero sobre todo, de atención para aquellas que aún no comprenden la importancia de checarse con frecuencia.

 




 

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