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Investigación
¡Quién nos entrena para ser padres?
En Investigación (Edición 34)

Hace algunos días, platicando con una amiga, me dijo: “Es curioso, nos entrenan para ser abogados, ingenieros, mecánicos, secretarias… pero ¿quién nos entrena para ser padres?” Muchas veces, de forma inesperada, nos encontramos con un niño en los brazos y pensamos asustados “¿y ahora qué hacemos?” Resulta increíble que nadie nos eduque para ser padres cuando implica una responsabilidad tan grande, ya que estamos tratando con seres humanos.

Ser padre o madre representa la responsabilidad de acompañarlos en su proceso de individución, es decir, su evolución hasta convertirse en individuos, en personas. Y, como padres, nuestra tarea es guiarlos y apoyarlos. En la actualidad, los jóvenes, más que nunca, necesitan un apoyo sólido y firme, porque se enfrentarán a un mundo que les presentará muchos retos y lo último que necesitan son adultos, que me gusta llamar en broma, malvavisco, es decir, personas suaves, dulzonas pero que perforan con un dedo; adultos débiles, temerosos de poner límites y no se atreven a decir “¡No! eso no te lo permito”.

Muchos padres quieren desempeñar un buen papel frente a sus hijos, pero si reciben mucha información y la mezclan con una buena dosis de miedo a equivocarse, el resultado puede ser la parálisis. Sí, se les paraliza la voluntad, y por lo tanto no actúan cuando es necesario. Por el miedo a traumar a los hijos los padres se paralizan, cuando lo que el hijo necesita es un adulto seguro de sí mismo que sepa poner límites. Por esta razón los muchachos están cada vez más desorientados, parece como si estuvieran perdidos. Y por consecuencia, muchos niños y jóvenes le faltan al respeto a sus mayores, dañan objetos y son groseros, mientras que los adultos están parados a un lado sin hacer o decir nada, como si no vieran lo que ocurre, o en el mejor de los casos se muestran avergonzados.

¿Quiénes son los adultos en esta situación? Es importante reflexionar acerca de ello. Al adulto le corresponde, como individuo maduro y juicioso, guiar al muchacho y enseñarle a respetar su medio ambiente y a las personas que lo rodean; porque hemos dado pasos notables al otorgarle el respeto que se merece, pero hemos olvidado enseñarle a respetar a los demás. Una cosa no invalida la otra.

El miedo a equivocarnos es comprensible porque un poco de él puede inducirnos al cuestionamiento y la reflexión, pero si dejamos que el miedo nos invada terminamos inertes: incapaces de responder a las demandas de nuestros hijos.

Debemos recuperar nuestra fuerza y sentido de confianza en nosotros mismos; saber y recordar que cuando actuamos nos arriesgamos, pero si no lo hacemos estamos abandonando a nuestros hijos para que enfrenten el mundo solos y con recursos aún inmaduros e ineficientes.

Ser padre no es tarea fácil, se necesita tener valor. Valor para mostrarnos imperfectos. Valor para sobreponernos al miedo cuando nos quiere paralizar. Valor para hacer caso omiso del que dirán y elegir hacer lo que consideramos correcto. Valor para guiar a nuestros hijos aunque no tengamos todas las respuestas Se requiere de mucho valor, porque definitivamente nadie nos ha entrenado para ser padres.

Rosa Barocio es autora del bestseller Disciplina con amor, de Disciplina con amor para adolescentes y Conoce tu temperamento y mejora tus relaciones. Para contactarla: rosa@rosabarocio.comwww.rosabarocio.com 



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