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Psicología
Trastorno de la personalidad por dependencia
En Psicología (Edición 30)

Por: Mariana Rea Lozano
El ser humano es social por naturaleza. Apoyarse en los demás crea vínculos afectivos, lo mismo que ayudar a otros; de hecho, es común tomar alguna decisión considerando opiniones de personas cercanas o realizar alguna actividad de manera conjunta. Pero, ¿en qué momento depender de los demás afecta la personalidad de alguien?

 

La psicóloga clínica Ana Lilia Gayosso explica que el trastorno de la personalidad por dependencia (TPD) se caracteriza principalmente por la necesidad clara e imperante de que se ocupen de uno, ocasionando un comportamiento de adhesión y temor al abandono. Las personas con este trastorno se muestran sumisas y son incapaces de tomar sus propias decisiones hasta en situaciones triviales.

Este trastorno suele iniciar en la edad adulta y quien lo padece presenta los síntomas en los diferentes contextos donde se desenvuelve. Su comportamiento sumiso es producto de la creencia de no poder funcionar adecuadamente sin la ayuda de los demás; por ejemplo, hay pacientes que no salen solos a un lugar desconocido porque están seguros de que son incapaces de encontrar la dirección o cuidar de sí mismos.
 
Los criterios para identificar si una persona padece el trastorno de la personalidad por dependencia son los siguientes:
  • Dificultad para tomar decisiones cotidianas si no cuenta con el consejo excesivo de los demás.
  • Necesidad de que otros asuman la responsabilidad de las principales decisiones de su vida: carrera a elegir, lugar dónde laborar, qué actividades hacer, entre otros.
  • Dificultad para expresar desacuerdo a los demás por miedo a perder afectos o aprobación
  • Incapacidad para iniciar proyectos o hacer las cosas a su manera por una marcada falta de confianza hacia sus capacidades y sus juicios.
  • Carencia de límites en sus actos que son guiados por su deseo de lograr protección y apoyo de los demás hasta el punto de ofrecerse como voluntario para realizar tareas desagradables.
  • Sentimientos de abandono cuando se está solo, debido al temor exagerado de ser incapaz de cuidar de sí mismo.
  • Cuando termina una relación, busca inmediatamente otra que proporcione los cuidados y apoyo que requiere.
  • Preocupación exagerada (fuera de la realidad) por ser abandonado.

La psicóloga Gayosso aclara que para saber si una persona padece este trastorno, debe presentar de seis a ocho síntomas juntos por un periodo mayor a seis meses.

Por otra parte, comenta que los individuos con TPD tienen un patrón de búsqueda hacia quienes consideran importantes, lo cual llega a generarles depresión en la medida en que los demás no pueden responder a sus demandas. Al sentirse abandonados se guían por un sentimiento de inferioridad y por la necesidad de reafirmarse en cada momento del día. En un estudio realizado en 1985 por Reich y Noyes, se encontró que el 54 por ciento de las personas que se trataban por depresión ameritaban un diagnóstico de TPD.

No es extraño que las crisis de ansiedad, las fobias y la hipocondría sean en realidad una manifestación del trastorno y son las personas dependientes quienes tienen una mayor predisposición a padecerlo. Sin embargo, también se señala a quienes tienen algún tipo de discapacidad o sufren una enfermedad crónica.

La especialista en salud mental entrevistada dice que si bien el factor genético es el que más puede influir para que alguien padezca TPD, también el contexto familiar resulta determinante. Una madre o padre sobre protector que no permite a su hijo tomar decisiones, puede derivar en que éste se comporte de manera rebelde o que tenga una dependencia exagerada hacia ellos.

Para terminar, resulta importante reconocer que quizá todos nos hayamos identificado con alguno de los criterios señalados, pero hablaremos de TPD cuando la mayoría de estos criterios rijan nuestra vida hasta el grado de afectar nuestro entorno familiar, social y laboral. L



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