La psicóloga Gayosso aclara que para saber si una persona padece este trastorno, debe presentar de seis a ocho síntomas juntos por un periodo mayor a seis meses.
Por otra parte, comenta que los individuos con TPD tienen un patrón de búsqueda hacia quienes consideran importantes, lo cual llega a generarles depresión en la medida en que los demás no pueden responder a sus demandas. Al sentirse abandonados se guían por un sentimiento de inferioridad y por la necesidad de reafirmarse en cada momento del día. En un estudio realizado en 1985 por Reich y Noyes, se encontró que el 54 por ciento de las personas que se trataban por depresión ameritaban un diagnóstico de TPD.
No es extraño que las crisis de ansiedad, las fobias y la hipocondría sean en realidad una manifestación del trastorno y son las personas dependientes quienes tienen una mayor predisposición a padecerlo. Sin embargo, también se señala a quienes tienen algún tipo de discapacidad o sufren una enfermedad crónica.
La especialista en salud mental entrevistada dice que si bien el factor genético es el que más puede influir para que alguien padezca TPD, también el contexto familiar resulta determinante. Una madre o padre sobre protector que no permite a su hijo tomar decisiones, puede derivar en que éste se comporte de manera rebelde o que tenga una dependencia exagerada hacia ellos.
Para terminar, resulta importante reconocer que quizá todos nos hayamos identificado con alguno de los criterios señalados, pero hablaremos de TPD cuando la mayoría de estos criterios rijan nuestra vida hasta el grado de afectar nuestro entorno familiar, social y laboral.