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Reportajes
INICIANDO LOS 40
En Reportajes (Edición 21)

Hace un par de semanas me encontraba, sin esperarlo, en una reunión de señoras. Era una especie de invitada advenediza, es decir, era una invitada de la invitada y cosa rara, esa tarde no tenía nada que hacer, así que asistí a disfrutar de una tarde de café en una linda casa. Al poco rato comprendí que se trataba de un cumpleaños, la festejada estaba cumpliendo nada más y nada menos que los gloriosos 40 años.

 

Había en ella una belleza contenida, probablemente porque se aferraba a los 30 que se acababan de ir, y que amenazaban con nunca más volver; esos treintas tan añorados y tan poco valorados mientras transcurren, sin pena ni gloria. Se veía en el rostro de la festejada, la experiencia de una mujer que ha vivido ya cuatro décadas pero también asomaba en ella la angustia de la juventud perdida, cuando se ha vivido sin vivir, es decir, cuando has visto pasar tu vida por la ventana, como si fueses una mera espectadora y no la protagonista de tu propia vida.
 

Entre sorbos de café, veía a cada una de las señoras que departían esa tarde de otoño y era tan impactante escuchar cómo hacían bromas alrededor de la edad. En una esquina se escuchaba hablar de las cirugías que pronto sería necesario practicarse, pues ya había rastros de la edad en su rostro y en su cuerpo que se negaban a seguir viendo frente a un espejo que no ocultaba la verdadera edad; por otro lado, había algunas resignadas, que asumían que “su época de oro” ya había pasado y con resignación, dejaban que el tiempo hiciera lo suyo y ellas no harían algo para seguir compitiendo en un mundo en donde, aparentemente, la juventud y la belleza es lo que vende, lo que impacta y lo que trasciende.

 

Pensé decir algo, tal vez mi espíritu de psicóloga deseaba, ayudar en algo a estas señoras, pero ¿qué diría? ¿me harían caso?, si apenas y me conocían, me contuve y de pronto escuché a la festejada decir: “vean esta foto, fue de mi cumpleaños numero 30, si que estaba guapa ¡cómo ha pasado el tiempo!…Se hizo un silencio casi sepulcral, pues esa dama, la festejada dejaba rodar por sus mejillas un par de lágrimas que se negaban a rodar por su rostro, tal vez por temor a quitar ese maquillaje colocado con tanto esmero.

 

De pronto a todas nos distrajo una mujer de aproximadamente 60 años de edad, con un gran porte, si que era dueña de una personalidad arrolladora. Con voz muy clara y firme pero a la vez suave como una caricia, dijo: “Quiero comentarles que cuando cumplí 40 años, hace ya 20 años, miraba mis fotos y me decía a mi misma, que bien me veía a los treinta, cuando cumplí cincuenta, miré mis fotos de los cuarentas y me dije, que bien me veía a los cuarenta, parecía tan joven... Hace poco, que llegué a los sesenta años y volví a comentar que a los cincuentas realmente era yo toda una mujer y eso…precisamente fue lo que suscitó en mi una gran reflexión; “vivimos desfasadas”, estamos añorando siempre un pasado que ya se fue, que ya dejó huella y que ya hizo lo propio y cuando nos alcanza la siguiente etapa, volvemos hacia atrás, pero ya es tarde. Por favor vivan cada etapa, llegar a los cuarenta tiene su encanto y les guste o no, es su mejor edad pues es la que hoy por hoy tienen, la otra edad, esa ya no es, ya se fue y no volverá.

 

Terminó la tarde de café cumpleañero, pasó de ser una tarde más a ser realmente una lección de vida. Aprendí que los cuarentas es una edad maravillosa en la que somos mujeres plenas, con metas, anhelos, sueños, cuyas relaciones interpersonales han alcanzado la madurez que solamente llega cuando lo vivido ha sido con plena conciencia, con valor, con templanza y con serenidad.

 

La mujer al llegar a los cuarenta ha alcanzado la madurez, ha aprendido a entender la vida, reconoce su papel en la sociedad y lo asume con certeza, se reconoce como un ser valioso, único e irrepetible y está lista para empezar a disfrutar con plenitud la vida, ha aprendido a llamarle blanco al blanco y negro al negro.

 

Es determinante la auto aceptación, alimentar el espíritu, buscar fortalecer las propias habilidades, desarrollar al máximo el potencial, lo cual contribuirá positivamente a enfrentar  los cambios físicos y psíquicos propios de las mujeres de esta edad y evitará que la mujer se sienta “menos valiosa” porque está perdiendo juventud; por el contrario, ganará la seguridad y la confianza que dan los años bien vividos y la experiencia que se va recogiendo al paso por la vida y verá en cada línea de su rostro, algo más que la huella de los años, reconocerá en las marcas la sabiduría, de esos años bien disfrutados.
 

Llegar a los cuarenta tiene su encanto y es la mejor edad; la otra edad ya se fue y no volverá.

Es determinante la auto aceptación, alimentar el espíritu, desarrollar al máximo el potencial para enfrentar positivamente los cambios físicos y psíquicos propios de las mujeres de esta edad

“Vean esta foto, fue de mi cumpleaños número 30, sí que estaba guapa ¡cómo ha pasado el tiempo!”

 



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