Violencia Doméstica
En Reportajes
(Edición 24)
Por Dra. Ligia Vera
“Tengo mucho miedo en este momento, vivo con una persona violenta es muy noche y tengo miedo de ir a dormir por pensar que tal vez no pueda ver el sol del próximo día, lo peor que pude haber hecho fue perdonar la primera vez, pensar que tal vez cambiaría, pero han pasado los años y cada día es un infierno estar a lado de este hombre”. Testimonio.
Con este testimonio de introducción, quiero hablar en este artículo de un muy grave problema de salud pública: la violencia doméstica.
La violencia doméstica, conocida también como violencia conyugal, es actualmente uno de los problemas más extendidos en el mundo con un gran impacto en la salud mental y física de las mujeres, al mismo tiempo de los menos reportados debido muy probablemente a que se desarrolla en el ámbito privado.
La violencia doméstica de acuerdo con el American College of Obstetricians and Gynecologist es una forma de amenazar, controlar o imponer una determinada conducta a la mujer sin tener en cuenta sus derechos, sentimientos, cuerpo o salud. Una mujer sufre de abuso si ha presentado daño físico, sexual o emocional de manera intencional, hecho por la persona con quien ella mantiene una relación íntima.
Cuando hay gritos y golpes la violencia es evidente, pero existen otras formas más sutiles. El abuso puede ser real o bien en forma de amenazas. En la gran mayoría de las relaciones violentas, la violencia psicológica y la intimidación están relacionadas con la fuerza física.
Algunas caras del abuso son:
Física: cualquier acción no accidental que te provoque daño físico, enfermedad o riesgo de padecerla. Ejemplos: lanzar objetos, empujar, patear, pegar, ahorcar e incluso usar algún arma.
Sexual: toda actividad dirigida a la ejecución de actos sexuales en contra de tu voluntad, dolorosos o humillantes, abusando del poder, autoridad o por desconocimiento en el caso de los menores.
Psicológica: considerando como tal los actos, conductas o exposición a situaciones que agreden o pueden agredir, alteren o puedan alterar el contexto afectivo necesario para el desarrollo psicológico normal, tales como rechazos, amenazas, insultos, humillaciones o aislamiento.
Una de las situaciones que matizan el problema de la violencia doméstica es la existencia de mitos y falsas creencias, entre los que destaca “yo lo puedo cambiar”, cuando la realidad es que nadie cambia si no decide cambiar por sí mismo o sí misma.
Muchas veces la violencia inicia desde la relación de noviazgo y si recordamos que una persona enamorada deja de ser objetiva (ya que sólo ve cualidades en la persona amada), dejará pasar algunas señales de advertencia. Se dice también que el abuso ocurre en familias de bajos ingresos económicos cuando la realidad es que puede ocurrir en cualquier familia, rica o pobre, urbana o rural, de cualquier zona geográfica e independiente de la raza, edad y religión.
Asimismo, considerar a la violencia doméstica como un asunto privado entre la pareja es otro error, ya que el maltrato se extiende más allá de la misma. Un niño(a) que es testigo de violencia cotidianamente, será un niño(a) temeroso, con baja autoestima y quien muy probablemente de adulto se convierta también en una persona violenta, al reproducir los comportamientos aprendidos en la infancia.
Para mucha gente puede ser difícil entender que una persona que mantiene una relación con alguien violento no salga de la misma; pero en muchos casos, salir no es tarea fácil, especialmente si hay hijos de por medio y si no se cuenta con recursos económicos. También hay quien puede sentir temor de abandonar el hogar y ser encontrada por la pareja, generando con ello una mayor violencia.
Como se ha dicho anteriormente, la violencia doméstica tiene altos costos para la salud tanto física como mental de la mujer. A veces la presencia de dolores de cabeza crónicos, dolores de espalda, inflamación pélvica y molestias sin una causa aparente deben llamar la atención del médico. Además, la autoestima de la mujer puede verse muy afectada y no es raro encontrar la presencia de depresión e incluso intentos de suicidio, de aquí la importancia de su detección y prevención.
¿Existen señales de la violencia doméstica? Por lo general, a menos que se trate de abuso físico, puede ser difícil darse cuenta de que se está viendo una relación abusiva. Sin embargo, diversos organismos han elaborado cuestionarios breves y sencillos para que las personas reflexionen sobre la posibilidad de estar viviendo una relación violenta; cuestionarios que se acompañan de información sobre los lugares donde se puede solicitar ayuda. A continuación encontrarás un cuestionario elaborado por el American Collage of Obstetricians and Gynecologist(ACOG) en los Estados Unidos.
¿Eres víctima del maltrato? La persona a quien ama...
¿Amenaza con hacerle daño a usted o a sus hijos?
¿Si le pega, le dice que la culpa es suya y promete no hacerlo más (pero le vuelve a pegar)?
¿La humilla en público o no la deja hablar con su familia o amigos?
¿La tira al suelo, la empuja, le pega, trata de ahorcarla, la patea o le da bofetadas?
¿La obliga a tener relaciones sexuales cuando usted no quiere?
Si responde “sí” a una o más de estas preguntas, entre usted y su pareja hay una relación abusiva. Pero no está sola y puede conseguir ayuda. Nadie merece ser víctima de abusos. La violencia doméstica es ilegal, y sea cual sea su estado legal de inmigración, usted tiene el derecho de protegerse.
Por último, si estás viviendo una relación violenta y, si lo deseas, en nuestra ciudad puedes acudir al Centro Integral de Atención a la Violencia Familiar (CIAVI) del Ayuntamiento de Mérida cuyo teléfono es 924 02 96, o bien al Instituto para la Equidad de Género en Yucatán (IEGY) ubicado en el Parque de la Paz, en el edificio de la ex penintenciaría.
Recuerda que la vida es una y hay que aprender a vivirla con alegría y libre de violencia, porque la violencia no es natural. Hasta la próxima.
Una mujer sufre de abuso si ha presentado daño físico, sexual o emocional de manera intencional, hecho por la persona con quien ella mantiene una relación íntima.
La realidad es que nadie cambia si no decide cambiar por sí mismo o sí misma.
|