Éxtasis total: ORGASMO (2º parte)
En Sexualidad
(Edición 13)
En la edición pasada te comenté sobre las diferentes fases en la respuesta sexual humana, dentro de las cuales el orgasmo es sólo una de ellas. Sin embargo, hablar del orgasmo nos remite a algunos aspectos de nuestra sexualidad acerca de los cuales todavía persisten muchas ideas que posiblemente no nos permiten disfrutar plenamente de nuestros cuerpos y, por lo tanto, ser dueñas de nuestro placer. Recuerdo a Lety, una mujer de 30 años que me platicaba acerca de la pena que le daba el hecho de que su marido la viera desnuda a plena luz, sólo accedía a tener relaciones con él a oscuras; sin embargo, a él le mucho gustaba su mujer y aún cuando no fuera físicamente perfecta (no sé qué mujer lo sería), eso era lo de menos. Mario me comentaba que Lety era la mujer más bella del planeta y que no entendía por qué ella le negaba el placer de verla a los ojos en los momentos de intimidad sexual. Podemos decir que a pesar de toda la propaganda de que estamos siendo testigos y destinatarios todos los días, hay muchas mujeres que no se animan a explorar su cuerpo o a pedir a sus parejas que ellos lo hagan. A consulta llegó Miriam, quien me confesó nunca haber tenido un orgasmo, me decía que simplemente no había logrado sentir esa "maravillosa sensación" y que no sabía a qué se debía. Cuando hablábamos un poco al respecto, descubrimos que había ciertas caricias que le podían ayudar a tenerlo, pero que por vergüenza, ella no le pedía a su marido que se las prodigara, simplemente no podía decirle cuáles eran las que le parecían más placenteras. Hoy en día, el orgasmo femenino es altamente valorado, a diferencia de la época en la que nuestras abuelitas vivieron. Muchos hombres se preocupan de que sus mujeres lo disfruten en cada una de las relaciones sexuales que tienen. Sin embargo, a pesar de que muchos de ellos piensan en él como en un regalo mutuo, para algunos tiene un significado cercano a un trofeo que les demuestra lo "buenos amantes" que son y el hecho de que su mujer no lo consiguiera, sería para ellos casi como una derrota; tal es el caso de Omar y Alma. Ellos llegaron a terapia debido a que a Alma le daba dolor de cabeza, de estómago, de espalda o cualquier otra parte del cuerpo, ¿te parece conocido?, cada vez que veía en Omar las intenciones de acercarse sexualmente a ella. Omar no se lo explicaba, ya que -según decía- ella disfrutaba tanto o más que él de sus relaciones; tenía orgasmos que la dejaban desfallecida. Finalmente Alma se atrevió a decirle que la mayoría de las veces había fingido y que lo hacía porque alguna vez le había escuchado decir a su mejor amigo que de no conseguirlo ella, su valor como hombre se vería cuestionado, él se sentiría completamente devaluado. Sin embargo, hoy en día no sólo la valía del hombre está siendo cuestionada sino que la "capacidad para lograr orgasmos" está siendo el punto fundamental para determinar la normalidad sexual de las mujeres. Muchas de ellas han recibido el nombre de "frígidas" o "anorgásmicas", y se ven afectadas en su autoimagen por estas etiquetas. Rita llegó conmigo al consultorio sintiéndose un fracaso, se culpaba en silencio de ser sexualmente inadecuada, de no tener nada que ofrecer a una pareja, se sentía una mujer incompleta. Hay expertos que consideran que no existe la incapacidad para experimentar orgasmos sino que se puede tratar de falta de técnica sexual e incluso de una cuestión de pobre exploración de lo que nos resulta corporalmente agradable. Sin embargo, quizás en tiempos de nuestras bisabuelas, este mismo hecho habría sido considerado como un signo de inocencia y pureza. Por otra parte, conozco también a algunas mujeres que consideran que si no alcanzan el orgasmo, la relación no vale la pena, explican que no la disfrutan en absoluto. Pero yo les pregunto: ¿qué hay de los juegos preliminares?, ¿acaso no son disfrutables? Algunos expertos comparan al orgasmo con las cerezas de un pastel, sería algo así como "adornarlo"; sin embargo, si el pastel no tiene cereza, ¿eso implica que no nos deleitemos con el pastel mismo? Cuando Anita entendió esta analogía le fue más fácil gozar de las uniones sexuales con su pareja, le pareció entonces que el hecho de poder acariciar a su pareja de mil maneras era mucho más satisfactorio de lo que le resultaba antes. Otra cosa sería si no hubiera este tipo de juegos preparatorios como era el caso de las relaciones sexuales de Ángel y Mariana. Ángel simplemente "llegaba e iba a lo suyo", sin importar lo que Mariana necesitara; por supuesto, para ella no resultaba muy agradable, sentía sobre todo que no se le tomaba en cuenta y se concebía como una especie de "receptor" de los fluidos corporales de su hombre. Probablemente Ángel pensaba, como algunos otros hombres todavía lo hacen, que las mujeres no tenemos derecho a disfrutar de nuestra sexualidad. Muchos incluso creen que una mujer sana es la que se muestra sexualmente pasiva, que toma las relaciones sexuales sólo como un acto necesario para convertirse en madres y que además tendríamos que ser felizmente devotas de nuestro hogar. Durante mucho tiempo, el disfrute sexual de la mujer se asoció a la perversión. En la Edad Media incluso se consideraba al orgasmo como un regalo del diablo a quienes cometían el pecado de lujuria; sin embargo, resultaba más contraproducente y evidente en las mujeres que en los hombres, debido a que implicaba el peligro de que sus hijos nacieran con problemas congénitos, ese era el castigo a su grave pecado. Afortunadamente, la ciencia nos ha ayudado a demostrar que esto es completamente falso. Otro mito con respecto al orgasmo y que tiene importantes repercusiones en la manera en la que se evalúan las mujeres es el que se refiere a que éstas son emocionalmente maduras en tanto son capaces de experimentar orgasmos vaginales, es decir, mediante la penetración. Sin embargo, ahora sabemos que el orgasmo se debe a la estimulación del clítoris, esta puede ser a través de la masturbación con pareja o sin ella, o mediante el coito, estimulando directamente sobre el clítoris, ya sea con el pene, manual, objetalmente o indirectamente por el movimiento de su eje, siempre que la mujer esté muy excitada. Es así como ahora sabemos que el clítoris es la pieza fundamental de la respuesta sexual femenina. Sólo el clítoris tiene 8.000 enervaciones, en tanto el pene tiene 4.000; por lo tanto, imagínate la sensibilidad que podemos tener y la posibilidad del placer que nos puede proporcionar. Considero que todavía nos falta mucho por saber en materia sexual, aún hay muchos mitos muy arraigados culturalmente; sin embargo, creo que poco a poco éstos se van despejando, y que hombres y mujeres tenemos cada vez más la posibilidad de gozar de nuestro cuerpo de la manera en que nos resulte más placentero. Kanankil A.C. prisand@prodidy.net.mx
Por: María del Rocío Chaveste Gutiérrez
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