Por: Rocío Chaveste
Seguramente alguna vez has escuchado a un hombre hablarle a su novia de la siguiente manera:
"Bebé, es normal entre novios. Pero si no quieres hacerlo... ahí muere, lo que pasa es que no me amas como dices y entonces es mejor que terminemos".
"Sí, ya sé que te grité; exageras, pero es porque no me oyes. Si fueras más inteligente entenderías, perdón y ya. Pero la próxima vez…"
"Chiquita, no es que te veas mal, pero con esa ropa pareces costal de papa. Mejor baja de peso y no uses esos trapos que te ves ridícula".
Por las cartas que he recibido de algunas lectoras me he dado cuenta de su preocupación sobre ciertas experiencias que no son muy positivas durante el noviazgo y por eso decidí escribir este artículo.
El noviazgo es un periodo de enamoramiento en el que además del juego, el flirteo y la aventura de conocer a otra persona que "nos hace sentir cosas diferentes", también nos da la oportunidad de vivir situaciones nuevas que nos permiten crecer. Sin embargo, existen ciertas experiencias durante esta idílica etapa que no siempre son funcionales.
Para entender cuándo el noviazgo deja de ser una buena vivencia les contaré el caso de Ana, quien llegó a la consulta con una autoimagen de mujer fracasada o de "looser", como ella misma se definió, con problemas escolares y familiares, y que empezaba a presentar síntomas de bulimia. Ella es una chica de 17 años que se había relacionado normalmente con los demás hasta el momento en que su sueño de tener novio, al igual que sus amigas, se hizo realidad. Se trataba de un muchacho de 18 años, a quien ella definió como simpático, muy guapo y popular.
Hace un año la empezó a amenazar con dejarla si ella no bajaba de peso, argumentando que le daba pena que lo vieran salir con alguien que no fuera delgada y atractiva. Esto fue el principio del cuento de terror que Ana empezó a vivir.
A veces pensamos que somos las únicas a las que nos suceden estas cosas, pero de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo 2007, elaborada por el Instituto Mexicano de la Juventud, más del 15 por ciento de los mexicanos de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja ha sido víctima de violencia física; 75.8 por ciento ha sufrido agresiones psicológicas y 16.5 por ciento ha vivido al menos una experiencia de ataque sexual.
Así es, estamos hablando de violencia en el noviazgo, que se da en una relación amorosa en la que una de las personas abusa física, emocional o sexualmente para dominar y mantener el control sobre la otra; desgraciadamente, el enamoramiento y con éste la idealización del amor romántico, la educación y la falta de información, en ocasiones no nos permite darnos cuenta de que somos víctimas de violencia. El maltrato puede presentarse en cualquier momento, desde la primera salida hasta transcurridos varios años de relación.
En un mail que recibí, una lectora me preguntó cómo podía darse cuenta de que en su relación había violencia. Quisiera responderle compartiendo con ustedes las siguientes 12 claves para reconocer la violencia en el noviazgo, basadas en la encuesta realizada en el 2004 para la campaña Amor es sin violencia.
Si alguna de estas cosas te está sucediendo o te ha sucedido, recuerda que la violencia es una conducta aprendida, no es normal, es previa a la formación de pareja y no cambia espontáneamente por la voluntad de las personas. Celar quiere decir "cuidar", no aprisionar a una persona. Los celos no son una demostración de amor y representan un abuso de poder. La posesividad, el control, las prohibiciones y las amenazas, encubren una baja autoestima, inseguridad y desconfianza que tienen que ver con la historia del sujeto y no con lo que haga o no haga su pareja. Por eso, aunque consiga dominarla o encerrarla no deja de manifestar sus celos, distorsionando situaciones o haciendo acusaciones desde su imaginación. Y, presta atención: de todas las mujeres asesinadas por sus parejas, el 25 por ciento de ellas eran novias que tenían entre 14 y 25 años, que creyeron en el amor romántico en lugar de cuidar de sí mismas y de su seguridad.
Quizá te encuentres viviendo un noviazgo con violencia o lo hayas vivido antes, pero de cualquier manera te sugiero que acudas a un profesional para ayudarte a redimensionar esta etapa de tu vida. Y no te olvides que cuando algo no funciona… ¡A volar, gaviota! pues no vinimos a este mundo sólo a sufrir, ni como novias ni como esposas.