¿Te satisface tu vida sexual… o no?
En Sexualidad
(Edición 16)
Dra. Rocío Chaveste
“..por el número de escoriaciones del buque, conocemos la cantidad de sus viajes; por las escoriaciones de nuestra piel cuantas veces hemos amado”.
Cristina Peri Rossi
Algunas mujeres tenemos miedo: a no gustar, a no ser suficientes, a dar que hablar, a no gozar. Algunas otras nos la pasamos muy mal porque no disfrutamos y si, en cambio, dejamos que la pareja haga sexualmente lo que quiera sin replicar.
En algunos casos decimos que hasta fingimos, para no lastimar a la pareja, o para que no transcurra tanto tiempo de que empieza la relación sexual a que termine. Sin embargo las únicas que nos engañamos somos nosotras mismas ya que no logramos ser dueñas de nuestro propio placer y disfrutar la sexualidad plenamente, sino incluso la sufrimos. ¿Y es justo para nosotras cuestionarnos algo que debería ser grato de modo absolutamente natural?
El otro día llegó a consulta Enrique preguntándome sobre la película“Cuando Harry encontró a Sally”, donde Meg Ryan demostró lo fácil que es simular un orgasmo y ¿si era posible que Andrea, su pareja, pudiera estar fingiendo uno? Y ¿cómo desenmascararla en caso de que así fuera?
La verdad es que no es tan fácil, ya que el rubor sexual en el abdomen y en el pecho no se produce siempre y el aumentar el ritmo cardíaco no sólo se da por la excitación sexual. Incluso las contracciones vaginales, propias del orgasmo las puede provocar una mujer, independientemente de que la mayoría de los hombres dicen no haberlas sentido en el coito. Así que le recomendé a Enrique que hablara con Andrea sobre sus miedos y dudas, y que lo único que quedaba era la sinceridad y confianza.
Es difícil saber con exactitud cuántas mujeres fingen, pero algunos estudios, como el Informe Hite sobre sexualidad femenina nos habla de que más del 90% lo ha hecho al menos una vez en la vida y que en muchos de los casos, el 53% donde se ha repetido esta conducta es por la presión ejercida para que se tenga un orgasmo durante el coito. O por temor a ser descubiertas o malinterpretadas en su más profunda intimidad.
Además existe una curiosa confusión con respecto al orgasmo, ya que muchas mujeres se preguntan si esto que se siente es “lo normal”. Anabel se cuestionaba el otro día en una sesión si todas las mujeres sentimos igual. Excelente pregunta. Ya que muchas de sus amigas, cuando se reúnen, hablan de las maravillas del orgasmo y parece que todo el día tuviesen relaciones sexuales, y ella tiene dudas acerca de lo que debería sentir y si eso que experimenta es lo que pudiera denominarse: “el famoso clímax”.
Amigas: la única diferencia entre una mujer que tiene orgasmos y otra que nunca ha tenido uno, es que la primera “sabe lo que tiene que hacer y la segunda no lo sabe.” Salvo alguna causa de fuerza mayor como enfermedad física o mental grave, todas las mujeres pueden llegar a tener un orgasmo. No hay mujeres frígidas, (que por cierto siempre me ha parecido la marca de una nevera), sino que existen mujeres que no han conocido esta fase de la respuesta sexual humana. Algunos terapeutas sexuales hablan de que es hasta un 25% de la población femenina. Me atrevería a decir que la cifra aumenta a medida que el desconocimiento es mayor.
Los profesionales dedicados al estudio e investigación de la Respuesta Sexual Humana y las disfunciones sexuales, sugieren conocer nuestra anatomía sexual a través de ejercicios de auto-exploración con el propósito de lograr un mayor conocimiento y sensibilización de nuestro cuerpo.
¿Cuántas de nosotras nos dedicamos una hora del día o al menos de la semana a nosotras mismas, a nuestra sexualidad? De seguro la tendríamos si alguno de nuestros hijos nos pide hablar sobre el tema o alguna amiga nos dice que necesita hablar con nosotras.
Muchas mujeres que recurren a terapia se hacen preguntas acerca de cómo viven y sobre cómo les gustaría vivir su sexualidad. ¿Y tú cómo la vives? Posiblemente no contestaste con la rapidez que esperabas, es probable que ni siquiera la hayas contestado. Tranquila. Conozco a muy pocas mujeres que hayan respondido sin dubitaciones y convincentemente.
El resto de las mortales reconocemos que flaqueamos en algunos sentidos, ya sea que no nos convencen las relaciones que llevamos, en cuanto a dos o tres caricias dadas por fuerza o costumbre, poco romanticismo, la cópula o penetración y fin: ¡a dormir! Evidentemente no se trata entonces de una “saludable vida sexual a plenitud”. Hay desconocimiento de lo que verdaderamente necesitamos o merecemos por el sólo hecho de vivir y de ser.
Desconocemos nuestro cuerpo, por tanto desconocemos lo que es tener un orgasmo, entonces comenzamos a sentirnos incómodas con nuestro cuerpo. No nos atrevemos a experimentar y menos, nos atrevemos a decir lo que queremos o necesitamos por sentimientos de culpa o por una educación equivocada. En pocas palabras, no nos consideramos dignas para ser dueñas de nuestro placer….¡pero es lógico: las mujeres nunca fuimos educadas para ser amas y señoras de nuestra sexualidad!. Por eso la terapia es tan importante.
Las mujeres debemos responsabilizarnos de nuestra sexualidad. Debemos conocer nuestro cuerpo, saber cómo funciona, cómo alimentarlo no sólo con las comidas o dietas diarias, sino con sus raciones de amor, de placer y de satisfacción. Lo sagrado del cuerpo radica precisamente en nuestra sabiduría para no maltratarlo o dejarlo olvidado como una parte más del ser. Así como arrumbamos o abandonamos juguetes de nuestra infancia, o muebles o revistas viejas, así vamos dejando a un lado nuestra sexualidad. No la consideramos parte imprescindible del “estar bien” conmigo misma y con los demás. Y esa insatisfacción puede dejar una nota grave de amargura, indecisiones y falta de perspectiva que los otros notan y por tanto comienzan a evitarnos. ¿Cómo hallar respuestas para las inquietudes de nuestro cuerpo? ¿Por qué abandonar el “yo fundamental”, el “yo misma”, si la vida es una sola y cada una de nosotras es un universo lleno de estrellas? Estrellas y destellos interiores que pueden convertirse en un inmenso resplandor para iluminar nuestra propia vida y la de los seres que amamos…
Hay que asumir una nueva postura. Yo me referiré a tres pasos fundamentales: número uno: detenerse y preguntarse si somos felices. Esto implica una gran dosis de sinceridad hacia una misma. Número dos: si se ha respondido coherentemente la primera parte ya estás lista para emprender un nuevo alto en el camino. Vendría la pregunta número dos: ¿sabes que la parte del sexo como tal es importante para vivir plenas? Contesta sin auto-engañarte.
Aquí viene la tercera: ¿le echas la culpa a tu pareja de tu insatisfacción sexual o te culpas a ti misma? Te recomiendo hacerte estas preguntas con tu terapeuta.
La primera beneficiada de un “cambio de cultura sexual” serás tú misma. Después será tu pareja, que comprenderá que en la confianza del compartir hay un gran porcentaje de ganancia amorosa. Y por último saldrán ganando también tus amigas, porque compartirás los descubrimientos que has tenido el valor de hacer, de emprender. Ya serás una mujer distinta: moderna, cálida, entrañable, segura de su cuerpo y del timón de su vida. La sexualidad afecta todas las partes de nuestras respuestas psíquicas. Me explico: la mente se libera. Una mente sin ataduras es como una sonrisa que jamás se borra, es como un pasito más en la sabiduría de vivir.
Eso sí, hay que hallar los medios para convencer a tu pareja de que asuma la misma postura cambiante. Sin ese ligero detalle no tendría sentido alguno aprender. Por eso siempre sugiero que la terapia sexual es un componente básico de la mujer de hoy y de siempre: sobretodo en un mundo de tanto stress, de tantas responsabilidades frente a nuestros hijos.
Si sientes notas falsas en tu sexualidad crea, genera lo que llamaremos: “EL PROYECTO ARMÓNICO DE MI NUEVA SEXUALIDAD”. Lo cual infiere un cambio de conciencia, una demostración de que eres la “mujer soñada” y no “la amargada que se ha relegado a sí misma al cajón de las muñecas rotas.” Hay que luchar contra las cadenas que aprisionan nuestra conciencia femenina.
Poco a poco los hombres lo han ido entendiendo porque ya no les queda más remedio: la mujer de hoy tiene una forma más libre de andar, de pensar, de cuestionarse, de ser, de vestirse, de educar a sus hijos e incluso: de educar a sus viejos padres y de dar lecciones de vida a su esposo. Mira a tu alrededor. La televisión, el cine, muestran ya otro tipo de heroínas. Actrices como Angelina Jolie, Sigourney Weaver, Woopy Goldberg, Wynona Ryder, Meryl Streep, Jessica Lange, Angélica Aragón, Penélope Cruz, Martha Higareda, se muestran emprendedoras, fuertes, seguras de sí mismas y de lo que quieren, de cuánto quieren ganar por un trabajo, de cuánto están dispuestas a cambiar para ser ellas mismas y mostrar sus fortalezas. Así que: comienza por tu sexualidad.
La única diferencia entre una mujer que tiene orgasmos y otra que nunca ha tenido uno, es que la primera “sabe lo que tiene que hacer y la segunda no lo sabe.”
Las mujeres debemos responsabilizarnos de nuestra sexualidad. Debemos conocer nuestro cuerpo, saber cómo funciona, cómo alimentarlo no sólo con las comidas o dietas diarias, sino con sus raciones de amor, de placer y de satisfacción.
La primera beneficiada de un “cambio de cultura sexual” serás tú misma.
La terapia sexual es un componente básico de la mujer de hoy y de siempre: sobretodo en un mundo de tanto estrés, de tantas responsabilidades.
Dra. Ma. Del Rocío Chaveste Gutiérrez.
Kanankil A.C., rchaveste@hotmail.com
Tel. 986.75.97.
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