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Sopita para el alma
El violín
En Sopita para el alma (Edición 30)

Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir, la derrota; y en su forma de actuar, la mediocridad.

El hombre, sucio y maloliente, tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre trataba de ejecutar una melodía que era imposible de identificar debido a lo desafinado del instrumento y a la forma displicente y aburrida con que tocaba.

Un famoso concertista que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes y no pudieron menos que reír de buena gana.

La mujer pidió a su esposo que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina y decidió hacer algo.

Solicitó al mendigo su violín, quien se lo entregó con cierta desconfianza.

Lo primero que hizo el concertista fue afinar las cuerdas para después tocar con maestría una fascinante pieza. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo.

A los pocos minutos ya había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones.

Mientras el maes-tro sacaba melodía tras melodía con mucho entusiasmo, el mendigo estaba feliz de ver lo que ocurría dando saltos de contento y repitiendo a todos con orgullo: " ¡Ese es mi violín! ¡Ese es mi violín!", lo cual, claro está, era cierto.

¿Qué podemos aprender de este relato?, ¿cómo tocas el violín que te entregó la vida? Por que la vida nos da a todos "un violín" a través de nuestros conocimientos, habilidades y actitudes; pero además, tenemos libertad absoluta de tocarlo como nos plazca.

Algunos por pereza no se toman la molestia de afinar su instrumento y dejan de percibir que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes para ejecutar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.

Los mejores lugares son para las personas que no solamente afinan bien su violín, sino que aprenden con el tiempo a tocarlo con maestría. Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea, aspirando siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían.

La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades llegó a ser gran concertista de la vida. Y también registra casos de muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron ser mendigos.

¿Qué decides ser? L



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