Un centro cultural que enseña a toda la familia
En Cultura
24 | Octubre | 2007
El arte se vuelve una forma de integración, de compartir el gusto por algo y de poder experimentar aspectos como el porqué del actuar de un integrante de la familia. En los ejercicios de la clase se inviertan los papeles: los niños actúan como padres y los padres como niños. Estas dinámicas ayudan a una mayor identificación de la familia. El objetivo de la clase es montar, al final del curso, una obra teatral, que incluso se escribirían los mismos asistentes al taller. También se ofrece una clase de teatro para actores que deseen perfeccionar sus técnicas.
Izmir Gallardo explica que el taller de clown, circo y malabares está enfocado a que los participantes desarrollen sus capacidades, pierdan el miedo a presentarse ante el público y a relacionarse con los demás. Se ofrecen clases a niños desde 6 años y a adolescentes y jóvenes hasta 18 años.
Por medio de estas clases se puede aprender a hacer malabares con una parte del cuerpo y desarrollar el difícil arte de hacer reír a los demás. Según explica Izmir, a diferencia de los payasos tradicionales, el clown basa su técnica en el movimiento del cuerpo y la gesticulación; la fórmula para hacer reír al público es recurrir a situaciones extremas, a una realidad excéntrica que difícilmente podría suceder, pero que a veces se presenta.
En la parte circense y de malabarismo se aborda desde aprender a manejar un monociclo hasta balancear objetos con diversas partes del cuerpo, como las manos o los pies. También se busca que los alumnos desarrollen habilidades musicales que luego se incorporan al aprendizaje del clown.
Interpretación musical Por ejemplo, si alguien lleva a la clase una guitarra o un tambor se trabaja en sus habilidades musicales en el nivel empírico para idear un elemento que apoye alguna interpretación.
En lo que a literatura se refiere, el taller lo imparten los escritores Claudia Sosa Cárdenas y Jorge Laviada Rivera. La primera indica que el taller busca ser un espacio para orientar y apoyar a quienes desean escribir y no saben cómo hacerlo o tienen dudas sobre si lo que escriben está bien o tiene posibilidades creativas.
Gran parte del trabajo será la lectura de los textos que los participantes escriban, la crítica reflexiva y la retroalimentación. Como el taller está abierto para jóvenes y adultos, se considera que las posibilidades son muchas, porque las temáticas que se abordan seguramente serán muy diferentes.
Otra idea del taller de la literatura es que los participantes pierdan el miedo a mostrar sus textos. La cita es los viernes de 9 a 11 horas. Se prevé que autores de prestigio asistan también a este Centro Cultural a ofrecer talleres especializados, gracias al contacto que se tiene con la escritora Elena Poniatowska, madre de la directora del Centro Cultural, Paula Haro Poniatowska.
En el área de danza, se ofrecen clases de folclor yucateco (jarana), danza del estado de Veracruz (Huasteca y Tlacotalpan) y ritmos latinos (cumbia, salsa y merengue). El maestro Benito del Carmen Pech de la Rosa, licenciado en educación artística que en breve concluirá la maestría en folclor mexicano, es el responsable de estas clases. El programa está dirigido a personas de todas las edades, ya sean principantes, intermedios o avanzados.
El curso de ritmos latinos está pensado especialmente para maestros, sobre todo aquellos que no cuentan en sus escuelas con maestro del área de artísticas y necesitan montar bailables para festivales como el carnaval.
Raíces culturales El maestro Pech de la Rosa señala que además de la parte de la enseñanza de la danza, el taller se enfoca a un aprendizaje integral de la cultura de los bailes que se aprenden. Por ejemplo, se aborda la parte histórica del baile, su orígenes y razón de ser, en el caso de las danzas de Yucatán y Veracruz, y en la de ritmos latinos, las semejanzas y sutiles diferencias que hay entre unos y otros.
También se ofrecen clases de manualidades para aprender a realizar un tocado que se requiere para determinada danza. La idea es que no sólo aprendan los pasos de baile sino la profundidad que conlleva cada danza según lo que se quiere expresar con la música. “No siempre se debe sonreír cuando se baila; cuando la historia que se cuenta es triste o nostálgica, o busca reflejar un sentimiento distinto, hay que expresarlo de esa forma”, manifiesta. Todo esto se transmite a los alumnos en la clase, afirma el mentor.
Las clases de yoga en el Centro Cultural Elena Poniatowska, abiertas para personas de todas las edades, están a cargo de Claudia Guerrero Casillas. “Cualquier persona que desee fortalecer su cuerpo y sentirse saludable puede practicar yoga, no hay límite de edad”, asegura. Muchas personas piensan erróneamente que la práctica del yoga implica aceptar una religión nueva, pero Claudia indica que no es así, que esta disciplina no está basada en una religión. Se busca fortalecer la conciencia sobre uno mismo; por medio de esta técnica se invita al movimiento, la fuerza, la salud, la creatividad. Claudia tiene certificado en técnica Iyengar.
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