Las heridas emocionales sí duelen físicamente
En Reportajes
4 | Agosto | 2008
Nuevas investigaciones cerebrales revelan que la misma parte del cerebro que procesa es dolor físico, es también la encargada de procesar el dolor emocional. Según los expertos esto explica por qué al igual que en el caso de una lesión física, también las personas que nunca se recuperan de una herida emocional sufren de dolor crónico.
La ruptura de una relación, la exclusión social o la pérdida de un ser querido son alguna de las formas de dolor emocional. Las personas que han experimentado el dolor extremo afirman tener un “dolor en el pecho o un vacío debajo del esternón” y llegan a pensar que se están volviendo locos de dolor.
Según el profesor David Alexander, director del Centro de Investigaciones de Trauma en Aberdeen, Escocia y quien ha ayudado a sobrevivientes de desastres o de guerras, afirma que la gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico.
La doctora Naomi Eisenberger, gracias a la nueva tecnología ha logrado demostrar junto con un grupo de investigadores qué partes del cerebro se activan cuando sentimos dolor emocional. Ella cree que el dolor físico y el dolor emocional están relacionados porque las relaciones sociales son cruciales para nuestra sobrevivencia como especie.
El dolor físico es una advertencia de nuestro organismo para no hacer algo que nos dañe. Según los expertos el dolor emocional también puede ser una advertencia, por ejemplo, para no volvernos a acercar a algún tipo de hombre o mujer
Mary Frances O'Connor, otra investigadora de UCLA lo llama "pena compleja" y ésta, dice, ocurre en aproximadamente 10% de las personas que sufren la pérdida de un ser querido. “Estas personas sufren mucho amargura y enojo pues no logran adaptarse al dolor como muchas otras personas lo hacen”. Los científicos sospechan que estas personas, también son las que experimentan los mayores niveles de dolor físico.
"Y esta tendencia ocurre más entre los hombres", agrega la investigadora. Esto se debe a que la gente que sufre una muerte cercana tiene más probabilidad de tener un accidente o de sufrir un infarto o embolia.
Por eso, agrega, es muy importante identificar y tratar a las personas cuyo dolor emocional podría convertirse en dolor crónico y provocar una debilitante depresión o incluso la muerte.
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